Mis galerías y mis pintores

van_003
16,00€

Daniel H. Kahnweiler

Traducción de Lidia Vázquez y presentación de Augusto Paramio

Referencia: VAN-003
ISBN: 978-84-8802-0017
Edición:
1991, Madrid
200 páginas
Libro tradicional impreso
Distribuido por: Machado Grupo de Distribución y Les Punxes
15,00cm × 1,00cm × 19,00cm
16,00€

 

Las conversaciones que reúne este volumen -en el que incluimos dos entrevistas inéditas hasta ahora- bien podrían sustituir con ventaja a esa autobiografía que D.H.Kahnweiler nunca llegó a redactar. Espontáneas, despiertas, próximas como un relato periodístico, cargadas de criterio y de sabiduría, las declaraciones de Kahnweiler son un valiosísimo testimonio para entender algo de lo mejor de las empresas artísticas de nuestro siglo. Kahnweiler: un sino generoso y afortunado. En 1907, apenas instalado en París, en un cortísimo periodo de tiempo este joven muchacho alemán rebosante de curiosidad había conocido, apreciado y reunido en su entorno a los pintores que identificamos con la constelación más feliz e irrepetible del arte de la vanguardia clásica. La vida de Kahnweiler será un gran gesto de lealtad a aquel encuentro determinante con los notables del arte moderno y con un término arbitrario: el cubismo. Este libro nos hace partícipes de la penetrante mirada de Kahnweiler sobre las propuestas cubistas y sus aledaños, sobre las personalidades de Picasso, Braque, Gris, Léger, sobre los compromisos de la pintura moderna, sobre los poetas Apollinaire, Max Jacob, Leiris, Reverdy, y también sobre sus contemporáneos menos entrañables. ¿Simplemente un libro de conversaciones? Sí, pero el entrevistado lo convierte en texto básico, y discretamente, nos hace aprender a leer la pintura.

 

“Kahnweiler era un caballero a la vieja usanza, de los que creen en la palabra honor y, pese a dedicarse al comercio, un hombre íntegro y sensible. No sólo lince o buitre o zorro. Para aquellos a los que el nombre de Kahnweiler no les diga gran cosa, básteles saber que fue el gran marchante del cubismo y su primer teórico, y quien agrupó en su galería a artistas como Picasso, Braque o Juan Gris. Hoy, la mayor parte de los artistas que trabajaron para él figuran en los museos. Cuando los conoció, no eran sino jóvenes que pasaban hambre en París”. [Andrés Trapiello. El País, 21-III-92]

 

“Anécdotas, recuerdos y reflexiones teóricas procedentes siempre de la experiencia personal salpican estas páginas entrañables. Las vivencias más cotidianas, las relaciones entre los artistas, el entusiasmo que marcó su vida y su obra, sus reacciones ante las dos guerras, son narrados aquí con una familiaridad y naturalidad refrescantes”. [Celia Montolio. Lápiz, II-92]

 

“Kanhweiler, que nada sabía del comercio de cuadros, había descubierto aquella insólita forma de pintar —que sólo años más tarde sabría que se denominaba cubismo— en los miserables estudios de algunos pintores cuya pobreza le sorprendía tanto como la seguridad de que estaban inventando un nuevo lenguaje. Jamás escribió sus memorias. Pero las esbozó en unas cuantas conversaciones con Crémieux, que preservan la delicia de un hombre sensible, inteligente y enamorado, que siempre tuvo conciencia de que no era un creador, sino un intermediario en el sentido noble, y que nunca dejó de saber dónde se encuentran los verdaderos tesoros”. [Ramón Mayrata. La balsa de la Medusa, Nº 24, 1992]

 

“Kahnweiler fue testigo privilegiado de uno de los momentos más importantes para la pintura del siglo XX: el nacimiento del cubismo. Gracias a estas conversaciones podemos conocer los entresijos, manías y costumbres de aquellos fecundos y vividores artistas, así como las condiciones penosas y miserables en las que vivían”. [Pepa Bueno. Elle, VI-92]

 

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